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Descontento mundial e indignación

El derecho de la protesta social

Derechos
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Después de un período de silencio forzoso debido a las cuarentenas de covid-19, ciudadanos de todo el mundo están desafiando las restricciones del coronavirus y han vuelto a las calles para luchar por la democracia real, empleos, salarios dignos, servicios públicos, derechos humanos y contra la corrupción, la desigualdad y la injusticia.

Por Isabel Ortiz, Sara Burke, y Hernán Cortés Sáenz.- Después de un período de silencio forzoso debido a las cuarentenas de covid-19, ciudadanos de todo el mundo están desafiando las restricciones del coronavirus y han vuelto a las calles para luchar por la democracia real, empleos, salarios dignos, servicios públicos, derechos humanos y contra la corrupción, la desigualdad y la injusticia.

Se prevé una ola creciente de protestas en todo el mundo, desafiando al status quo. A menos que las políticas cambien, es probable que los enfrentamientos en la calle se conviertan en la nueva normalidad.

En las últimas semanas, han estallado protestas contra el racismo y la brutalidad policial en Estados Unidos e internacionalmente, después de que otro hombre negro muriera bajo custodia policial.

Hemos visto a chilenos protestando por la escasez de alimentos, empleo y los costos de los servicios sociales.

El Líbano se ha convulsionado por disturbios por corrupción, falta de trabajo y servicios públicos. Manifestantes en Hong Kong continúan desafiando las imposiciones de China.

En Israel denuncian la anexión de Cisjordania, mientras que en Filipinas condenan la Ley Antiterrorista del presidente Rodrigo Duterte como una violación de los derechos civiles y la Constitución. Los jóvenes salieron a las calles de Senegal por la cuarentena, la falta de empleos y de oportunidades. En España, los trabajadores de la salud exigieron condiciones de trabajo más seguras, mientras que los trabajadores de otras industrias se enfrentan a despidos masivos.

En muchos países, la gente protesta en caravanas de automóviles para mantener el distanciamiento social debido a la pandemia.

Ha habido períodos en la historia en los que un gran número de personas se rebelaron contra el status quo y exigieron cambios, como en 1848, 1917 o 1968.

Si bien las protestas se han intensificado en las últimas semanas debido a la pandemia, el nivel de protestas en todo el mundo se ha mantenido alto durante más de una década, con algunas de las protestas más grandes de la historia mundial.

Estas fueron desencadenadas por la crisis financiera de 2008 y los aumentos de los precios de los productos básicos, como los que provocaron los amotinamientos por alimentos en África y Asia, tres años antes de la “Primavera Árabe”, los «Indignados” en España u “Occupy” (Ocupa) en Estados Unidos y Hong Kong.

Más recientemente, hemos visto protestas masivas en América Latina y una ola feminista global iniciada por el movimiento «Yo también» (#Metoo).

Ahora, mientras covid-19 recorre el mundo, estamos experimentando la continuación de este período de creciente indignación y descontento.

Hemos estado estudiando las protestas mundiales recientes y encontramos lecciones interesantes.

Para comenzar, el número de protestas ha ido aumentado cada año.

La principal demanda de los manifestantes ha sido la justicia económica y social frente a las reformas de «austeridad»; sin embargo, la abrumadora queja de los manifestantes, independientemente del sistema político de su país, era la falta de «democracia real».

Otras demandas comunes se relacionan con los derechos de las personas, como los derechos raciales, de género o laborales. El objetivo principal de las protestas fueron los gobiernos nacionales, y en menor grado, las instituciones y corporaciones globales.
El perfil de manifestantes revela que no solo los manifestantes tradicionales (activistas, sindicatos) están saliendo a las calles. Las clases medias, los jóvenes, las personas mayores y otros grupos sociales protestan activamente en la mayoría de los países debido a la falta de confianza y desilusión con el sistema político y económico actual.

Los ciudadanos de todo el mundo están adquiriendo cada vez más consciencia de que las políticas públicas no los han priorizado.

En todo el espectro político, hay una rebelión contra el quehacer político de costumbre. Los gobiernos, tanto autoritarios como democráticos, no están respondiendo a las necesidades de la gente común.

Muchas manifestaciones también denuncian explícitamente el sistema internacional e instituciones como el FMI, el Banco Mundial y el Banco Central Europeo, percibidas como los principales arquitectos de reformas inequitativas.

No solo aumenta el número de protestas, sino también el número de manifestantes. Las estimaciones sugieren que docenas de protestas tuvieron más de un millón de manifestantes; algunas de ellas pueden ser las protestas más grandes de la historia (por ejemplo, 100 millones en India en 2013, 17 millones en Egipto durante la Primavera Árabe).

La represión está bien documentada en más de la mitad de las protestas de nuestro estudio.

Según fuentes de prensa, las protestas que generaron el mayor número de arrestos ocurrieron en Irán, Gran Bretaña, Rusia, Chile, Malasia, Estados Unidos y Camerún (años diferentes).

Nuestra investigación, que seguimos actualizando, también documenta una creciente preocupación con algunos modos de represión que no implican el uso de violencia física: la vigilancia ciudadana.

Si hay represión, ¿cuáles son las demandas controvertidas que piden los manifestantes?

Las quejas demandadas abarcan prácticamente todas las áreas de la política pública, desde el empleo, los servicios públicos y la protección social hasta el medio ambiente, las finanzas, los impuestos, la corrupción y la justicia.

La mayoría de las demandas están en total conformidad con las propuestas de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Los gobiernos deben escuchar las demandas de los ciudadanos que protestan legítimamente por la negación de derechos sociales, económicos y civiles. Los líderes y los políticos terminaran generando más disturbios si no logran priorizar la demanda de que haya una democracia real.

 

Este es un artículo de opinión de Isabel Ortiz, directora del Programa Global de Justicia Social de la Iniciativa para el Diálogo en la Universidad de Columbia, Sara Burke, analista sénior de Políticas de la Fundación Friedrich-Ebert-Stiftung, y Hernán Cortés Sáenz, doctor en Relaciones Internacionales.

 

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Ángel Calleja
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