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Razones para protestar en latinoamerica.

América Latina vive momentos especialmente difíciles.

Américas Caribe
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Con más de 100.000 muertos por covid-19 y economías duramente golpeadas por culpa de la pandemia, América Latina vive momentos especialmente difíciles. Pero la máxima de que después de la tormenta siempre viene la calma muy probablemente no se hará realidad una vez que el coronavirus deje de estar en el centro de todas las preocupaciones.

"Sudamérica se ha convertido en un nuevo epicentro del coronavirus", la alerta de la OMS por el aumento de casos en la región. 5 factores que contribuyeron a convertir América Latina en el epicentro de la pandemia de coronavirus en el mundo. El virus llegó a una América Latina todavía convulsionada por la ola de protestas que de forma casi simultánea sacudió a Ecuador, Bolivia, Colombia y Chile a finales del año pasado.

Y como advierte Francisco Mazzola, experto en América Latina de la consultora The Risk Advisory Group, "los problemas que provocaron protestas en 2019 solo están en pausa, ninguno ha sido resuelto".

"La sorpresa fue que el malestar en América Latina tardara tanto en manifestarse": entrevista con el nobel de Economía Joseph Stiglitz "Eso significa que, una vez que la pandemia se haya calmado un poco, lo menos que se puede esperar es un resurgimiento de lo que ya vimos", dice.

Una vez superada la pandemia es muy probable que se produzca un rebrote de las protestas callejeras.

Lo mismo opina Daniel Linsker, de la consultora Control Risks. "Estas demandas sociales muy probablemente van a rebrotar, como segunda ola", anticipa Linsker. "Y hasta podrías empezar a ver tendencias similares en México y Brasil, que de cierta forma evitaron esa ola de descontento pues canalizaron su sentimiento anti status quo a través de las elecciones de AMLO y Bolsonaro", dice .

Problemas exacerbados
Por lo pronto, la relajación de ciertas restricciones vinculadas a las cuarentenas con las que los gobiernos de la región han tratado de contener al virus, ya ha coincidido en varios países con nuevos brotes de protestas. En algunos casos, estas se han presentado como reacciones a "nuevos" problemas derivados de la pandemia misma; en otros, las viejas reivindicaciones y tensiones son claramente visibles. Y aunque ninguna es comparable en tamaño e intensidad con la ola de protestas de 2019, esto podría ser nada más cuestión de tiempo.

Después de todo, como destaca Mazzola, "a nivel global, y muy particularmente en América Latina, la pandemia ha exacerbado los problemas socioeconómicos, especialmente entre los sectores de la población que dependen de la economía informal".

Por qué América Latina es "la región más desigual del planeta" Y esto, a su vez, no hace sino profundizar la crisis de representatividad y la frustración con el status quo que Linsker identifica como el factor común detrás de las protestas de 2019. Pero, ¿cómo se está manifestando esa explosiva combinación en los países que coparon los titulares a finales de ese año? ¿Y en qué se parecen y en qué se diferencian sus respectivas situaciones? Para Moisés Naím: "La perpetuación en el poder es lo que más daño le hace a América Latina"

Ecuador: respiro transitorio
Como recuerda , Matías Zibell, fue ese país el que dio el "pistoletazo de salida" a la ola de protestas sudamericanas, a inicios de octubre pasado. El detonante fue la decisión del gobierno de poner fin a 40 años de subsidios a los combustibles, una decisión que el presidente Lenín Moreno se apresuró a revertir ante la protesta generalizada.

Las razones de las masivas protestas en Ecuador contra el gobierno de Lenín Moreno

Las protestas en Ecuador por las medidas de austeridad del presidente Lenín Moreno han desembocado en una grave crisis política. El poderoso movimiento indígena lidera ahora las manifestaciones en contra, fundamentalmente, de la eliminación de subsidios a los combustibles, una medida que ha impactado directamente en el precio de la gasolina y de muchos otros productos. Moreno ha decretado el estado de excepción y cambió temporalmente la sede del gobierno desde Quito a Guayaquil. "El gobierno ecuatoriano se preparaba entonces a enfrentar su último año en el poder, 2020, con varias preocupaciones en lo económico (déficit público, vencimientos de la deuda externa) y frentes abiertos en lo social", recuerda Zibell. "Entonces llegó la pandemia", destaca.

En sus inicios la misma golpeó con especial dureza a Guayaquil, la segunda ciudad del país, que fue noticia mundial por el colapso de su sistema de salud y servicios funerarios. El drama de Guayaquil, que tiene más muertos por coronavirus que países enteros y lucha a contrarreloj para darles un entierro digno
Y aunque ahora se ha ensañado con la capital, "eso no ha evitado que la gente haya desafiado la cuarentena para seguir protestando, especialmente en mayo pasado, coincidiendo con el fin de la etapa de aislamiento y el paso al distanciamiento social", relata Zibell. "Primero fueron los estudiantes universitarios, tras la merma en el presupuesto de la educación superior, y luego los siguieron empleados estatales que reaccionaron a los recortes en el presupuesto público, promovidos por el gobierno ante la crisis económica agravada por el coronavirus", recuerda. "Y los casos de corrupción en plena pandemia que le costaron la destitución a funcionarios nacionales y provinciales, e incluso el arresto a un expresidente, no colaboraron para mejorar el humor en las calles", agrega.

Nuestro colaborador en Ecuador, sin embargo, destaca que "entre un virus que no da tregua, la preocupación sobre cómo subsistir que habita en muchos hogares ecuatorianos y una futura campaña electoral que ya empieza a barajar nombres de candidatos; el nivel de movilización social no se compara en lo más mínimo al que puso en jaque al gobierno en octubre pasado". Y Mazzola coincide en que las diferentes votaciones previstas en la región podrían ayudar a reducir la dimensión e intensidad de las protestas. "Es bastante probable que en muchos países las campañas electorales terminen absorbiendo parte de la presión, y la gente podrá hacer sentir su descontento el día de la votación simplemente no reeligiendo a los candidatos del gobierno y votando a favor de una alternativa", dice.

"Pero aún así 2021 va a ser un año muy interesante", anticipa el analista de The Risk Advisory Group, quien incluye al ecuatoriano en la lista de gobierno que se verán obligados a retomar la agenda de austeridad que alimentó las anteriores protestas.

 

Bolivia: tensión electoral
Que unas elecciones no son garantía de calma lo demuestra, sin embargo, el caso de Bolivia, donde acusaciones de fraude electoral fueron el detonante de las protestas que empezaron a sacudir al país a mediados de octubre de 2019. "Estamos a un paso de contar muertos por docenas": cómo se radicalizaron las protestas y la violencia en Bolivia tras las cuestionadas elecciones Y según el periodista de BBC Boris Miranda, quien estuvo hasta hace poco en el país andino, la polarización política visible entonces se mantiene en medio de la pandemia.

Según Miranda, la crisis sanitaria también ha generado diferentes protestas callejeras en medio de la cuarentena, "en reclamo de distribución de alimentos y apertura para las actividades económicas". Pero, como explica Mazzola, la principal fuente de potenciales disturbios sigue siendo el tema político electoral. Según el analista de The Risk Advisory Group, la posibilidad de que se produzcan protestas sobre temas electorales también se mantienen, y podrían producirse si el MAS (Movimiento al Socialismo, el partido de Morales) tiene la impresión de que las restricciones impuestas para lidiar con la pandemia se aplican con mayor dureza en los territorios donde cuentan con más votantes. "Nosotros vamos a recuperar el gobierno": dice Evo Morales


Chile: con duras restricciones
En Chile las restricciones impuestas por la pandemia también han paralizado las intensas manifestaciones que marcaron el estallido de octubre del 2019. Para , Paula Molina, "el sostenido aumento en las muertes y los contagios han ratificado las demandas que las inspiraron: la precariedad laboral, salarial e incluso alimentaria que viven ciertos sectores de la población, el hacinamiento y las dificultades en el acceso a la vivienda, los altos niveles de desigualdad, la distancia de la élite con la ciudadanía y la creciente desconfianza en las instituciones". Hoy por hoy, sin embargo, las manifestaciones son prácticamente imposibles, no sólo en Santiago sino en toda la Región Metropolitana, donde alrededor de 7 millones de personas se encuentran bajo cuarentena total.

Molina explica que para salir de casa "es necesario pedir un máximo de 2 permisos semanales, o trabajar en alguno de los rubros considerados esenciales". "El gobierno además ha endurecido las penas contemplando incluso la cárcel para quienes no cumplan las medidas sanitarias", dice.

Y, como consecuencia, el centro de la capital Santiago, Plaza Italia, "epicentro de las protestas de octubre y rebautizada como Plaza de la Dignidad por los manifestantes, hoy luce casi vacía, y las consignas escritas en los muros y estatuas aledañas han sido borradas", relata. Solo días después de que Chile decretara la cuarentena obligatoria al 40% de su población por una explosión de casos de coronavirus, volvieron a verse enfrentamientos entre policía y manifestantes en algunos lugares de Santiago.

La crisis del coronavirus ha dejado a muchos chilenos sin ingresos y algunos dicen que el gobierno ha fallado a la hora de asistir a los más vulnerables durante la pandemia. El estallido social que conmocionó al país a finales de 2019 todavía está reciente, y la crisis por el coronavirus ha hecho despertar de nuevo las tensiones. "Las únicas protestas que sí se reactivaron por algunos días en algunas comunas de Santiago, fueron aquellas convocadas por vecinos demandando un apoyo económico y alimentario del Estado. En esas protestas las personas acusaban que estaban viviendo situaciones de hambre en medio de la paralización impuesta por el Covid19. "La televisión mostró en vivo y en directo el testimonio de los vecinos, los choques con la policía, pero también la pobreza de varios hogares y campamentos, o las 'ollas comunes' autoorganizadas para entregar comida a las personas", detalla Molina.

"El sistema chileno es más cruel que el coronavirus" “El Piñeravirus es más mortal que el coronavirus”. La frase que alude al presidente de Chile, Sebastián Piñera, se leía en uno de los carteles con los que unas 200 personas volvieron a las calles de la ciudad de Santiago a protestar este lunes 27 de abril. Carros lanza agua, bombas lacrimógenas y duros enfrentamientos entre manifestantes y la policía tomaron nuevamente la Plaza Italia –o “Plaza Dignidad”, como algunos la rebautizaron–, el epicentro del estallido social que irrumpió en este país sudamericano el 18 de octubre del año pasado.

A pesar de la emergencia sanitaria, la imagen se repitió en otras capitales regionales, como Antofagasta, Concepción y Valparaíso, donde también hubo barricadas. Era una jornada simbólica, pues no solo se celebraba el aniversario 93 de Carabineros, la institución policial chilena, sino también porque se recordaba que un día antes –el 26 de abril– era la fecha original programada para la realización del plebiscito que busca cambiar la Constitución heredada del régimen de Augusto Pinochet.

Desde la llegada del coronavirus a este país, a mediados de marzo, la agenda que buscaba descomprimir la tensión social pasó a segundo plano y, con ello, el referendo fue postergado para el 25 de octubre. Las intensas protestas, en tanto, parecían haber cesado. O, al menos, eso se pensaba. Sin embargo, lentamente han vuelto a cobrar relevancia, aunque en grupos bastante más reducidos.

La razón detrás –explican sus protagonistas– no es distinta a la que motivó el “despertar” de Chile en octubre: el descontento social ante las desigualdades del sistema político y económico que impera en esta nación sudamericana. “El coronavirus visibilizó las desigualdades”
“Protestamos porque el sistema chileno es mucho más cruel que el coronavirus”, dice Paloma Grunert, quien ha asistido a todas las manifestaciones desde octubre y está detrás de la organización de algunas de las protestas que han ocurrido en medio de la pandemia. Para ella, todo lo que los llevó inicialmente a salir a la calle “sigue vigente”, como la inequidad en los salarios y en el acceso a la salud y educación, entre otros. “Hay desigualdad, injusticia y un constante apoyo a los empresarios y grupos económicos”, señala.

Una opinión similar comparte el fotógrafo Cristóbal Venegas, quien también ha participado en las manifestaciones. “No hay credibilidad en el gobierno ni en la clase política. Las demandas sociales están a flor de piel”, dice. Venegas afirma que con el coronavirus quedaron “aún másen evidencia los problemas de la gente”. “En el tema de la educación, por ejemplo, en este país no todos tienen computador, ¿quién puede hacer clases online? El tema de la salud también; en algunos lugares no hay abastos, no hay insumos”, indica.

De acuerdo con el académico de la Universidad de Cambridge y experto en movimientos sociales, Jorge Saavedra, este último punto es justamente una de las cosas más importantes que explican el “rebrote” de las manifestaciones. “Lo que ha hecho el coronavirus es visibilizar las desigualdades estructurales por las que se protestó en su momento”, dice “Si en Chile antes se protestaba por la desigualdad en la salud, eso ahora ha quedado en evidencia. Lo mismo ha pasado con la precariedad laboral, donde se ha visto lo frágil que era el sistema. Se demostró que el mercado no solucionaba los problemas porque ahora el propio mercado le está pidiendo ayuda al Estado”, agrega.

Ante la emergencia, no obstante, el gobierno de Chile ha diseñado una serie de medidas para enfrentar las consecuencias de esta crisis. Es así como se creó un Plan de Emergencia Económico que, con la inyección de US$11.750, se busca proteger el empleo y apoyar a los trabajadores entregándole liquidez a empresas de todos los tamaños. También se decidió reforzar el presupuesto del sistema de salud -será suplementado con el 2% constitucional- para asegurar que cuente con los recursos necesarios frente a la pandemia.

Por otro lado, se estableció una Ley de Protección del Empleo -que busca resguardar los puestos de trabajo-, y se creó un fondo de US$2.000 millones para la protección de los ingresos de los trabajadores más vulnerables (informales sin contrato), entre otras cosas. Debido a la paralización de la economía por las cuarentenas que buscan enfrentar la pandemia, buena parte de la población en la región se han visto afectada por la pérdida de empleo o por una disminución en sus salarios.

Esto ha dado paso a un profundo malestar social que se ha reflejado en marchas callejeras, bloqueos y cacerolazos en países como Colombia, México y Bolivia, entre otros. “El coronavirus ha exacerbado las diferencias sociales”, explica Saavedra.

Y, en el caso de Chile, el académico afirma que las grandes demandas que se vienen exigiendo desde octubre “siguen ahí”. “Hay un sujeto político que todavía no se siente escuchado. Y que cree que, si deja de manifestarse, va a pasar al olvido”, indica.

Plebiscito: ¿se realizará el 25 de octubre?
Entre esas demandas quizás la más relevante y simbólica es el cambio a la Constitución que rige en Chile desde 1980. Es una petición que se escuchó con fuerza en la mayoría de las protestas que tuvieron lugar en los últimos meses en este país. La demanda encontró una salida el 15 de noviembre de 2019, cuando el parlamento chileno alcanzó un acuerdo histórico donde se estableció un plebiscito que se realizaría en abril de este año. En él, los ciudadanos chilenos iban a poder elegir si apoyaban o no un cambio constitucional y el mecanismo para la elaboración de una nueva carta magna. Sin embargo, el coronavirus cambió los planes y el referéndum debió postergarse para el 25 de octubre. Pero en los últimos días algunos líderes políticos han vuelto a poner en duda su realización debido a la pandemia.

El propio presidente Piñera dijo en una entrevista con CNN que “quizás la recesión económica va a ser tan grande, que esto es un tema que quizás se va a volver a discutir”. Mientras que diversos ministros de Estado han indicado que todo dependerá de la realidad sanitaria del país. Diego Schalper, diputado del partido oficialista Renovación Nacional, explica que es importante tener en cuenta la legitimidad del proceso constitucional en medio de la pandemia. “Chile está en crisis. Y habrá que ver la dimensión de la crisis en junio o julio para resolver si es que están las condiciones adecuadas para realizar un plebiscito que tenga la participación y la legitimidad necesarias”, afirma. “Hay que volver a trabajar y a desarrollar distintas actividades, pero de ahí no se sigue a que sea posible tener un día de votación con alta participación, tener una campaña como la que todos queremos para que este proceso tenga legitimidad”, agrega. “En democracia no se cancelan elecciones por crisis económicas”

Estos planteamientos no han sido bien recibidos por miembros de la oposición, quienes señalaron que es “incoherente” que el gobierno proponga un plan de “nueva normalidad” –que contempla, entre otras cosas, la reapertura de centros comerciales y el retorno a clases escolares– y, paralelamente, ponga en duda el plebiscito. “Es preocupante; en democracia no se cancelan ni se suspenden elecciones por crisis económicas”, dice el diputado Gabriel Boric, perteneciente a la coalición opositora Frente Amplio. “Hay un sector de la derecha que nunca ha querido cambiar la Constitución y que está buscando cualquier excusa para tratar de instalar un debate entorno al tema. Yo quiero ser enfático: nosotros vamos a defender el itinerario constituyente, aunque no les guste”, agrega. El parlamentario afirma que esta no es una demanda de los políticos, sino de los ciudadanos chilenos. Y en medio de un alza sostenida de contagios y con su sistema de salud exigido al límite, "Chile se e encamina hacia un invierno que tradicionalmente ha causado el colapso de los servicios de urgencia sin posibilidad, por el momento, de levantar las restricciones y reactivar la economía", advierte.

 

Colombia: también cuestión de tiempo
"En lo estrictamente político, la pandemia le dio un respiro al presidente Iván Duque", dice Daniel Pardo. Y es que, como explica Pardo, "las históricas protestas que arrancaron el 21 de noviembre perdieron impulso en navidad y se esperaba que se reanudaran en marzo. Pero el coronavirus acabó con ese proyecto".

3 factores inéditos que hicieron del paro nacional en Colombia una jornada histórica
En un país sin tradición de protesta como Colombia, el paro nacional del 21 de noviembre de 2019 fue histórico. La huelga estuvo originalmente convocada por las centrales obreras, pero se convirtió en una protesta en contra de las reformas de pensiones, laboral y educativa y a favor del acuerdo de paz firmado con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Decretan toque de queda en zonas de Bogotá por "saqueos" y "actos vandálicos" tras nueva jornada de protestas en Colombia
En suma, la población se movilizó en contra del poder establecido, hoy materializado en el presidente, Iván Duque, un aliado del expresidente Álvaro Uribe que en un intento de ser moderado ha generado rechazo entre la izquierda y la derecha. A medida que las manifestaciones en Ecuador, Chile y Bolivia aumentaron, dejaron decenas de muertos y generaron cambios políticos importantes, la expectativa ante el paro en Colombia se tomó la agenda nacional durante días.

El gobierno militarizó partes del país, acuarteló el ejército, cerró las fronteras y otorgó facultades extraordinarias a gobiernos locales para "mantener el orden"; se produjeron allanamientos; el partido de gobierno, el derechista Centro Democrático, alertó de la supuesta injerencia de gobiernos chavistas. Y, como suele pasar en jornadas de protesta en América Latina y el mundo, en el paro hubo —según reportaron medios locales— disturbios, saqueos, daños a la infraestructura pública y abusos de fuerza por parte de las autoridades.

El ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, informó este viernes que las autoridades habían confirmado la muerte de tres personas en el Valle del Cauca, pero indicó que aún están verificando las circunstancias en las que se produjeron. Dicho eso, es probable que la historia recuerde al paro nacional del 21 de noviembre en Colombia como el día en que los colombianos, una población traumatizada por un conflicto armado de 60 años, mostraron su disposición a salir a la calle. Pese a la lluvia. Pese a la represión. "Este paro tuvo una magnitud que ninguna protesta tuvo en 60 años", dice el reconocido historiador y columnista Jorge Orlando Melo. "La protesta en Colombia siempre fue localizada, y siempre recibió una respuesta negativa del Estado, que la convertía en peligro". "Pero esta salida (al paro) de tanta gente no organizada en todo el país, que buscan una política social más clara y un cumplimento genuino del proceso de paz, puede ser la oportunidad de una alternativa no tradicional sin antecedentes en el país", concluye Melo.

Tres cosas inéditas demuestran el carácter histórico de la jornada.

1. El paro en sí mismo
Colombia no ha tenido la tradición de protesta de países como Chile, Argentina o México por varias razones, pero se destacan la baja tasa de representatividad sindical, de menos del 5%, y la vigencia de un conflicto armado que distorsionó el escenario político clásico de izquierdas y derechas y laceró la viabilidad política de la izquierda democrática, que nunca ha llegado al poder en el país. El último gran paro nacional se produjo en 1977. Convocado por los sindicatos, el paro fue asumido por profesores, trabajadores y estudiantes y puso contras las cuerdas al gobierno del liberal Alfonso López Michelsen, que enfrentaba una dura crisis económica y una disputa con los militares.

Durante los últimos años, por supuesto, han habido huelgas importantes, como el paro de coteros e indígenas contra el gobierno de Uribe en 2008 y el paro agrario contra Juan Manuel Santos en 2013. También hubo grandes manifestaciones, como la marcha contras las FARC en 2008 y la que pedía la implementación del acuerdo de paz un día después de que fuera rechazado en un plebiscito en 2016. Pero al menos desde 1977, y guardando las diferencias de carácter histórico, Colombia no había vivido una jornada de huelga cívica como la del 21 de noviembre. Prácticamente todos los gremios acataron el paro; en cada rincón del país hubo protestas; la mayoría de quienes no protestaron vivieron una suerte de día feriado; el país estuvo paralizado por un día. Solo el comercio, por ejemplo, se vio paralizado en un 50%, según la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco), lo que equivale a pérdidas de US$60 millones. En un país históricamente institucionalista, el shock político, económico y cultural que significó el paro del 21 es inédito.

2. El cacerolazo
Al final de la tarde del jueves, cuando las marchas parecían ya haberse apaciguado tras la dispersión policial, miles de colombianos volvieron a las calles. De noche, muchos en piyama, con el ambiente festivo y musical que marcó el inicio de la jornada, cientos de personas salieron a la calle a reanudar su grito de protesta. Y con un detalle que es usual en Venezuela, Argentina o Chile, pero que en Colombia no se había visto —o escuchado— en historia reciente: la cacerola. Desde la calle o desde sus casas, en Bogotá y en otras ciudades del país, un inédito cacerolazo se tomó al país al cabo del día, justo cuando Duque daba un mensaje televisado de 4 minutos en el que criticó los actos "vandálicos", apoyó a las fuerzas de seguridad y llamó al "diálogo social". El cacerolazo se escuchó en barrios de diferentes sectores socioeconómicos

3. Protesta en ciudades uribistas
Si los colombianos, en general, históricamente han preferido gobiernos de centro-derecha o derecha, hay ciudades donde esa afiliación política parecía inamovible. Y una de esas es Medellín, la segunda ciudad más importante del país, tierra del hoy senador y líder del partido de gobierno, Álvaro Uribe, el político más popular de la historia reciente del país gracias a su política de mano duro contra las guerrillas. Las imágenes de la masiva marcha del jueves en Medellín terminaron de demostrar que la capital de Antioquia se ha diversificado políticamente. Hace un mes, en unas elecciones regionales en las que el uribismo fue el gran derrotado a nivel nacional, los paisas eligieron como alcalde a un ingeniero de 39 años que apoya el proceso de paz, no hace parte de las maquinarias políticas y marchó el jueves: Daniel Quintero.

La marcha del jueves dejó claro que Medellín ya no es tierra sagrada del uribismo. Y no fue la única: ciudades tradicionalmente uribistas como Montería, Neiva y Pereira también vieron sus calles tomaras por el paro nacional. Otra razón para pensar que Colombia, para bien o para mal, ya no es el mismo país del pasado. "Duque, ha mejorado sus números de aceptación durante la pandemia, gracias a que el virus no ha tenido el impacto que tuvo en los países vecinos", destaca.

Para Pardo, con la pandemia el presidente colombiano encontró la agenda y el discurso que no había podido tener desde que asumió, en 2018, por cuenta de una coalición divida que ahora, hasta "se ha mostrado unificada en el Congreso". Y Duque lo ha aprovechado con un programa de televisión diario sobre el coronavirus en el que muestra la faceta gerencial y tecnócrata que lo puso como candidato del partido uribista. "En estos tres meses de pandemia, solo dos sectores han mostrado interés en seguir protestando: los maestros y las víctimas del conflicto armado. Pero sus convocatorias no han tenido impacto", agrega Pardo. Pero se destaca que el respiro proporcionado por la pandemia es transitorio, "porque en el momento en que pase la emergencia sanitaria el país estará en la peor crisis económica y social de su historia reciente". "Las conversaciones que Duque planteó en noviembre con los promotores de Paro Nacional dieron pocos resultados", dice. "Y algunas de las problemáticas que estaban en el fondo de las protestas, como el asesinato de líderes sociales y la limitada implementación del acuerdo de paz con la guerrilla, se han profundizado durante la pandemia", agrega. "A eso se añade que en estos meses también han surgido escándalos en el gobierno que potencian las marchas, entre ellos una supuesta financiación del narcotráfico a la campaña de Duque (la llamada ñeñepolítica), abusos de autoridad por parte del ejército e inteligencia y el caso del hermano condenado por tráfico de drogas de la vicepresidente, Marta Lucía Ramírez", detalla.

E incluso aspectos puntuales del manejo de la pandemia, como el día sin IVA, tienen potencial para afectar negativamente al presidente. Las imágenes de gente aglomerada en espacios cerrados, quizá el peor incentivo para la propagación del virus, generaron críticas de la oposición, epidemiólogos y las mismas autoridades.

La alcaldesa de Bogotá, Claudia López, dijo que todo el esfuerzo de la cuarentena ha sido "echado al traste" por una "decisión que no tiene sentido económico (distorsiona precios), social (contradice meses de pedagogía de cuidado) ni epidemiológico (provoca concentraciones cercanas en sitios cerrados)". La alcaldesa, que se ha convertido en la principal opositora de Duque durante la pandemia, alude a dos aspectos económicos que generaron polémica antes del día sin IVA.

Primero, el aumento de precios indiscriminado por parte de los comercios, denunciado por varias organizaciones especializadas y ahora investigado por entes de control. Pero también se debate sobre el impacto real que puede tener esta dosis de consumo en una economía que, según la Cepal, puede decrecer 2,6% en 2020, la peor recesión en una década. Si la medida tuvo impacto económico o epidemiológico significativo, se sabrá en un par de semanas.

Pero ya muchos le exigen al gobierno cancelar los próximos días sin IVA.

La indignación que se  generó en el continente, sigue vigente. Incluso se puede decir que tiene más razones para aumentar. La pregunta es cuándo volverá a las calles

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