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El reto mundial de la desigualdad

La creciente desigualdad desencadena una "Nueva gran divergencia"

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Desde Chile a Hong Kong, desde Francia a Sudán, la ciudadanía sale a las calles demandando mejores condiciones de vida.

Por: Matilde Mordt * Desde Chile a Hong Kong, desde Francia a Sudán, la ciudadanía sale a las calles demandando mejores condiciones de vida.

La falta de empleo, oportunidades y libertades democráticas, la corrupción, la violencia contra mujeres y niñas y el cambio climático son solo algunos de los problemas que impulsan las recientes protestas en todo el mundo.

En este contexto, se lanzó recientemente a nivel global el Informe sobre Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ‘Más allá del ingreso, más allá de los promedios, más allá del presente: desigualdades del desarrollo humano en el siglo XXI’. El documento ofrece un oportuno análisis sobre las causas que han originado la ola de turbulencias que hemos visto en los últimos meses.

A pesar de que muchas personas han logrado escapar de la pobreza y ha habido importantes avances en el mundo en cuanto a las condiciones de vida, sobre todo en el acceso a servicios de salud y educación, las necesidades básicas de muchas personas continúan insatisfechas. Por otro lado, está surgiendo una nueva generación de desigualdades, relacionadas con lo que llamamos capacidades potenciadas, relativas al acceso a educación terciaria, a servicios de salud y educación de calidad, y tecnologías más avanzadas, como la banda ancha.

Más allá de las desigualdades de ingreso y acceso a servicios, el Informe sobre Desarrollo Humano señala que la ciudadanía está en desacuerdo con el desigual trato, respeto y dignidad que hay en las sociedades.

El origen de estas desigualdades está profundamente arraigado en nuestras sociedades y economías, de modo que el lugar de nacimiento, el género, la etnia o la riqueza de los progenitores determinan la vida de muchas personas, comenzando a temprana edad, aumentando y transmitiéndose de una generación a otra.

Las consecuencias de estas desigualdades se manifiestan en las escasas perspectivas que tienen las personas para vivir un futuro mejor y en la carencia de esperanza y propósito. Cuestiones como el cambio climático están agudizando las diferencias.

Por estos motivos, el Informe sobre Desarrollo Humano invita a los países adoptar una mirada y políticas con un enfoque más amplio y sistemático, que aborde las causas de la desigualdad más allá del ingreso, de los promedios y del presente. Con esta misma visión el Premio Nobel de Economía, Amartya Sen, contribuyó en gran medida a acuñar el concepto de desarrollo humano, comprendiendo que el bienestar de la humanidad no solo se podía medir por el crecimiento económico o de los mercados, sino por diferentes factores que ayuden a que todas las personas vivan vidas plenas y dignas.

Es urgente, por tanto, que bajo el prisma del desarrollo humano brindemos oportunidades equitativas y sin duda, hay margen para actuar.

La prosperidad sin precedentes en la historia de la humanidad ha logrado que por ejemplo se redujera más de la mitad la cantidad de personas que viven en pobreza extrema, cayendo de 1900 millones en el año 1990 a 836 millones en 2015. Los avances tecnológicos y la mejora en el acceso a servicios básicos de salud y educación han permitido aumentar la expectativa de vida y las oportunidades laborales. Sin embargo, queda mucho por hacer. Los promedios esconden a grupos que tradicionalmente son excluidos, por cuestiones como el género, la edad, la discapacidad, el origen étnico, procedencia social u orientación sexual.

Como propuesta, el enfoque del Informe sobre Desarrollo Humano plantea una serie de políticas para corregir las desigualdades del desarrollo en un marco que vincula la expansión y la distribución tanto de las capacidades como de los ingresos.

Medidas como la redistribución de los ingresos, acompañadas de la mejora en la calidad de la enseñanza y los servicios de salud, la reducción de la brecha digital, la promoción de la igualdad de salarios entre mujeres y hombres, la eliminación de prácticas y políticas que sean discriminatorias y dificulten el acceso al mundo laboral, y el diseño de sistemas que garanticen la protección social de los sectores más desfavorecidos son algunas de las medidas recomendadas.

Logrando una mayor cohesión social es el modo en que podremos garantizar las oportunidades y la dignidad para todas las personas y la prosperidad, paz y estabilidad de nuestras sociedades.

Para que esto sea posible, este enfoque requiere el compromiso y el consenso de todos los actores sociales, alrededor de la defensa de los derechos y libertades fundamentales.

Se debe, seguir trabajando en apoyo a los gobiernos para proporcionar a todas las personas, un modelo de desarrollo sostenible e inclusivo.

* Representante Residente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Ecuador.

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